Aquella tarde fría de diciembre...
Era una chica aparentemente despreocupada, pero precisamente
eso, tan sólo aparentemente. Miles de ideas rondan en su cabeza, atormentan su
conciencia e incluso a veces no la dejan dormir... Y es que nunca ha confiado
del todo en sí misma, aunque de cara a los demás parece ser muy segura; es lo
que siempre intenta aparentar. Tan torpe como despistada, suele despertarse
tarde todas las mañanas. No obstante, siempre se arrepiente. Piensa que
desaprovecha demasiado el tiempo en dormir, pero a veces cree que esa es la
mejor opción para dejar de pensar. A pesar de que sus amigos la quieren mucho,
cree que nunca llegará a encajar del todo, y es que eso de ir a en silla de
ruedas a veces puede resultar un gran impedimento...
Aquella tarde de invierno, en aquella estación, esperando el
autobús entre tiritones; y normal, estando a 3 grados bajo cero... Nunca pensó
que aquella tarde su vida cambiaría radicalmente. Tras pasar un gran finde en
Madrid, visitando a una amiga, esperaba impaciente el autobús de vuelta a casa.
Aunque sin ganas de volver... Es una chica muy independiente, quizás demasiado,
siempre evitando cualquier tipo de atadura... No quiere necesitar de nadie.
Quizás por miedo a perder su libertad, o mejor dicho, a que se la arrebaten. De
hecho a veces prefiere estar sola, no le gusta tener demasiadas influencias
externas, y mucho menos que la condicionen. Quizás por algún error que cometió
en el pasado, que le hizo ser tan fría y distante.
Aquella misma tarde, su mundo cambió por completo. En aquel
preciso instante, cuando su autobús llegaba a la estación, al que fumando esperaba
con cierta nostalgia, su vida sufrió un giro de 180°. Un chico pasó corriendo a
su lado. Parecía que llevaba prisa. Sin embargo, este se paró y retrocedió para
pedirle un cigarrillo.
-Oye, perdona... ¿podrías darme un cigarro?
Ella se giró extrañada, y al verlo, todo cambió por completo. Por un momento su corazón dio un vuelco, sus pulsaciones aumentaron rápidamente, no sabía qué fue lo que ocurrió. Nunca había sentido nada igual.
Le contestó nerviosa, incluso le temblaban las manos.
-Sí, aquí tienes.
El chico le dio las gracias, cogió en cigarrillo y continuó caminando. Todo parecía tan normal, ni si quiera entendía por qué sintió todo aquello.
El autobús ya estaba en el andén, y algunos pasajeros ya estaban montando, así que se dirigió a la cola para montar, un poco aturdida y extrañada...
Y entonces escuchó una voz:
-¡Oye, espera!
El chico venía de vuelta corriendo hacia ella. De nuevo sintió que una extraña sensación recorría todo su cuerpo, cierto cosquilleo en el estómago, una experiencia que nunca había vivido anteriormente.
El chico se acercó, y le pidió un mechero. Ella le contestó que era el único que tenía, no podía dárselo.
-Tranquila, te lo devolveré, te lo prometo.– Contestó.
El chico cogió el mechero y se marchó.
Ella se quedó mirando cómo se marchaba, atontada, como si en aquellos momentos nada más existiera a su alrededor. El conductor del autobús tocó la bocina para llamar su atención, era la única pasajera que quedaba por montar. Y volvió a la realidad. Subió al autobús totalmente desconcertada, su mente no procesaba la información, estaba bloqueada.
-Oye, perdona... ¿podrías darme un cigarro?
Ella se giró extrañada, y al verlo, todo cambió por completo. Por un momento su corazón dio un vuelco, sus pulsaciones aumentaron rápidamente, no sabía qué fue lo que ocurrió. Nunca había sentido nada igual.
Le contestó nerviosa, incluso le temblaban las manos.
-Sí, aquí tienes.
El chico le dio las gracias, cogió en cigarrillo y continuó caminando. Todo parecía tan normal, ni si quiera entendía por qué sintió todo aquello.
El autobús ya estaba en el andén, y algunos pasajeros ya estaban montando, así que se dirigió a la cola para montar, un poco aturdida y extrañada...
Y entonces escuchó una voz:
-¡Oye, espera!
El chico venía de vuelta corriendo hacia ella. De nuevo sintió que una extraña sensación recorría todo su cuerpo, cierto cosquilleo en el estómago, una experiencia que nunca había vivido anteriormente.
El chico se acercó, y le pidió un mechero. Ella le contestó que era el único que tenía, no podía dárselo.
-Tranquila, te lo devolveré, te lo prometo.– Contestó.
El chico cogió el mechero y se marchó.
Ella se quedó mirando cómo se marchaba, atontada, como si en aquellos momentos nada más existiera a su alrededor. El conductor del autobús tocó la bocina para llamar su atención, era la única pasajera que quedaba por montar. Y volvió a la realidad. Subió al autobús totalmente desconcertada, su mente no procesaba la información, estaba bloqueada.
El autobús ya estaba saliendo de Madrid, y ella, mirando por
la ventana, pensando en la vuelta a la rutina, y qué pocas ganas tenía… Miró en
su bolso para coger los auriculares. La
música siempre suele relajarle, le hace evadirse de todo, pero no fue
precisamente eso lo que encontró. Había una nota doblada, no sabía por qué
estaba ahí, ni siquiera quién podía haberla puesto. Al abrirla, se quedó
totalmente asombrada. Había una frase escrita, con una letra desordenada, como
si la nota hubiese sido escrita rápidamente por una mano nerviosa. Exactamente,
ponía lo siguiente:
"Siempre
cumplo mis promesas. Aquí tienes mi teléfono: 663548970"
La chica cogió rápidamente su teléfono, y guardó el contacto.
Al mirar la foto de Whatsapp, su asombro fue aún mayor. Era aquel chico, el que
había visto hace tan sólo 10 minutos. Durante un buen rato estuvo pensando si
hablarle o no… quizás se trate sólo de una broma, quién querría hablar con una
chica como yo… Eran pensamientos que rondaban en su mente, debido a su
inseguridad. Finalmente, decidió hablarle, sin saber que se convertiría en el
amor de su vida. Tras unas semanas hablando, el chico fue a visitarla a su
pueblo, y eso que no creía en el amor a primera vista, pero ella rompió todos
sus esquemas. Quería cumplir su promesa, así que fue a visitarla para
devolverle su mechero.
Ya ha pasado un año desde que se conocieron. Se ven muy a
menudo, incluso ya conocen a sus familiares. Todos dicen que son la pareja
perfecta, que su historia parece de película, y que sin duda se quieren a
rabiar. Ahora ella cree en sí misma, no tiene miedo de lo que puedan pensar los
demás; y es que a veces tan sólo necesitamos eso, obviar lo que opinen los
demás, y simplemente querernos un poco más.
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