miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuento de Carnaval.

Érase una vez un chico llamado Agustín, que vivía en un pequeño pueblo en el que todos se conocían. Había diferentes grupos de amigos, pero él no encajaba en ninguno, o más bien no le dejaban encajar, ya que era de nacionalidad africana y el resto de los jóvenes no le aceptaban simplemente por “ser de color”.

Agustín era muy inseguro, y ello también contribuía a que pasara totalmente desapercibido entre sus compañeros, por lo que le resultaba muy difícil hacerse notar y que los demás mostraran un mínimo de interés por él. Llegando las fiestas de Carnaval, se le ocurrió una idea para intentar sociabilizarse con sus compañeros y conseguir algún amigo, pues en España se sentía muy sólo. Decidió salir con un traje que cubriera todo su cuerpo, tapando su cabeza con un gorro y su cara con una máscara, por lo que sería irreconocible. Al salir, imitó todo aquello que sus compañeros hacían, integrándose de tal manera, que nadie logró identificarle. Al cabo de un rato, una chica que iba vestida de india se le acercó, él le dio un nombre falso, y estuvieron hablando durante toda la noche. Coincidieron bastante en cuanto a sus gustos y aficiones, ya que a los dos les gustaba el Rock y amaban los animales. Agustín deseaba que es noche nunca acabara, ya que nunca se había encontrado tan a gusto ni tan seguro de sí mismo. Cuando decidieron irse a casa, la chica le pidió su número para hablar y poder verse algún día. Agustín tenía miedo de ser rechazado cuando ella descubriera su verdadera identidad, pero decidió dárselo. Al día siguiente, la chica buscó su contacto para hablarle, y al ver su foto de perfil, quedó totalmente asombrada. No sabía qué hacer, tenía miedo de que sus amigos la juzgasen por ello, pero sentía la necesidad de volver a verlo, ya que estaba empezando a sentir algo por él. Tras un largo rato, decidió hablarle. Esa misma tarde quedaron y pasaron un rato estupendo charlando, incluso se besaron. La chica estaba asustada, ya que nunca había sentido algo así por nadie, y temía perder a sus amigos si les contaba lo que sentía por una persona de distinta nacionalidad. Pero no podía ocultarlo, quería seguir viéndose con Agustín, y no quería hacerlo a escondidas, sentía que el color de su piel no le hacía ser diferente, y que era demasiado especial como para dejarle ir. Finalmente decidió reunir a sus amigos y a Agustín sin que ellos lo supieran. Les contó todo lo que sentía, e intentó explicarles que todos somos iguales, que lo exterior es indiferente. Al principio todos quedaron extrañados y no sabían cómo reaccionar, pensaron incluso que era una broma, pero poco a poco fueron aceptando la realidad, y comprendieron que todos tenemos los mismos derechos, a pesar de ser de diferente etnia o nacionalidad.

Finalmente, Agustín consiguió integrarse en el grupo de amigos de la chica, y ahora son novios. Ha logrado ganarse la confianza de todos los chicos del grupo, y los fines de semana quedan para ir a cenar y tomar algo. Ahora se siente feliz, confía en sí mismo, y está muy cómodo con sus amigos y con su novia, ha conseguido ser él mismo sin ayuda de ninguna máscara.


La moraleja de todo esto, es que debemos tener la abierta. En todos y cada uno de nosotros deben residir una serie de valores que nos impidan diferenciar entre unas personas y otras simplemente por su color de piel o por la etnia a la que pertenezcan, ya que todos somos iguales, tenemos las mismas oportunidades, y, por supuesto, los mismos derechos. 

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